Semana Santa en Popayan Historia
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Historia del enlucimiento de la ciudad

Se tiene noticia cierta, de que por lo menos desde la última mitad del siglo XVII existe para los payaneses la obligación de enlucir “blanquear” en el lenguaje colonial las fachadas de sus casas para que la ciudad vista sus mejores galas en Semana Santa, según documentos que reposan en el archivo Central del Cauca, hoy bajo el cuidado de la Universidad del Cauca, Lo que puede denominarse el protocolo de las festividades religiosas, establecido desde 1823 por el Coronel José Concha, Intendente del Cauca, de esa época
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ORIGEN DE LAS PROCESIONES
“La liturgia católica denomina Procesión un desfile religioso y solemne del clero y del pueblo, para honrar a la divinidad. Su origen se remonta a épocas muy antiguas ”. Nuestras procesiones son la reproducción de las tradicionales de Europa durante la Edad Media y particularmente las que celebró en España con un fervor y una magnificencia que, por lo menos en su presentación aparente han perdurado allí hasta nuestros días. “La cristiana tradición que ponía cada poblado al tiempo de fundarse, era bajo el patrocinio de un santo, se congregaban en torno de este patrono la devoción del núcleo naciente”. La piedad familiar de algunos vecinos dotaba de algunas nuevas imágenes la iglesia del lugar y en la celebración de la fiesta patronal era la procesión por el poblado a lo largo de las vías públicas, parte integrante de la ceremonia religiosa, como sucede actualmente en nuestra ciudad y en otros lugares del país. A medida que la población crecía en importancia y riqueza ganaba en solemnidad el culto sagrado, y a través de los años y de las generaciones, con la construcción de nuevos templos, capillas y oratorios, se llegaba a la magnificencia de las diversas formas de culto externo.

“Popayán recorrió, lo mismo que las otras ciudades hermanas, ese tradicional camino hasta llegar al punto de legar el pueblo, al finalizar el siglo XVII, un tipo de desfiles religiosos tan solemnes y bellos que a pesar de innumerables vicisitudes y quebrantos, aun guardan restos de su grandeza antigua”. La tradición oral y escrita, y el testimonio de viajeros, nos han transmitido el relato de las procesiones de antaño, verdadero certamen de elevación espiritual, de cortesía exquisita, de encantadora disciplina y conmovedor civismo. “La población entera, sin distinción de clases, colaboraba en aquella exhibición valerosa de devoción profunda que mostraba a la ciudad como una agrupación homogénea, nivelada por la dulce igualdad que trajo Cristo, fundida en una misma creencia y en ordenación silenciosa